En éste día del padre, te lo mereces todo mamá.
EXACTAMENTE. NO SIEMPRE TRATA DE ESO.
Sentían un inmenso agradecimiento y eso los hacía regresar el uno al otro, internarse en ese abrazo porque nada mejor podía serles dado.
Elena Poniatowska. Canto quinto. De noche vienes.
(via eljujeniodeletras-world)
Marlon
(via lauuraperez)
Tú nunca me has querido. Solo te encantaba lo mucho que yo te quería.
Es inevitable sentirse ajeno a ciertos recuerdos. Cuando el tiempo pasa, arrastra consigo esa sensación de familiaridad que nos ataba a ellos y de pronto, las personas y los lugares, y todo aquello que terminó por marcharse, se nos hacen extraños por el sólo hecho de estar lejos. Pudieron haber ocupado un lugar importante en nuestra vida; pudieron, en su momento, significar nuestro mayor tesoro, pero el tiempo no perdona y a cada primavera le llega su otoño. Esos recuerdos que tenemos ahora pasarán a ser la realidad de otras personas, y ellas a su vez tejerán un lazo de cercanía que, años más tarde, si este ciclo se repite, verán a sus mayores tesoros marcharse lejos, a formar parte de la vida de alguien más. La vida se compone de momentos y siempre quedará de ellos esa grata plenitud de haber sido parte de nosotros. De habernos cambiado para bien o para mal nuestras decisiones, el rumbo de nuestra vida; de habernos hecho conocer nuevos lugares, sensaciones… Eso es lo que se queda: el momento, no los elementos que lo componen. Las personas se van, cambiamos de paisajes y, sin embargo, el recuerdo permanece, aunque luego pasemos largas jornadas sintiéndonos unos extraños intentando convivir con nuestro pasado.
Solía pensar que era fuerte, pero luego me di cuenta de que no lo era. Yo era frágil, llevaba puesta una puta armadura y lastimé a las personas para que no pudieran lastimarme. Pensé que de eso se trataba ser fuerte, pero no es así.
EXACTAMENTE. NO SIEMPRE TRATA DE ESO.
Ya no era feliz, no tenía su chispa, sus ojos habían perdido su brillo y ya no sonreía por causa mía, solo estaba a mi lado por el recuerdo de haberlo sido y yo parecía estar bien con eso, lo cual era aún peor. Supongo que no me daba cuenta o no quería aceptarlo. Un día, sin aparente previo aviso se fue y yo me quedé ahí viendo como un milagro se iba por la puerta. No fue por orgullo, sino por vergüenza el no haber echo nada. Parte de mi quería esconderse y otra se dedicaba a odiarme. Había roto el alma más hermosa y sólo me quedé ahí, en silencio, sin percibir que me había equivocado.